Calles
del barrio
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Plaza
de la Independencia
En ella se encuentra la Puerta de Alcalá que se
hallaba situada frente a la calle Alfonso XI, trasladándose
posteriormente a su actual enclave. Carlos III la convirtió
en la entrada principal de la Villa, estando unida a la
cerca que rodeaba la ciudad y que, en nuestro barrio,
continuaba por lo que hoy es la calle Serrano hasta Goya,
por donde bajaba hasta encontrar la Puerta de Recoletos,
situada en el centro de la plaza de Colón.
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El
automóvil de Dato tras el atentado
Huellas
de las balas
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Las
verjas que cerraban sus vanos perduraron hasta el s. XIX.
Estas puertas se cerraban a las diez de la noche en invierno
y a las once en verano, quedando siempre un retén
que permitía el paso en caso de necesidad. Sus
dos caras son diferentes, ya que cuando Sabatini presentó
al rey dos proyectos a este le gustaron ambos por lo que,
con diplomática habilidad, el arquitecto optó
por ejecutar los dos, uno a cada lado de la puerta.
Las balas de los cañones del general Bessiéres,
cuando la expedición francesa de los Cien Mil Hijos
de San Luis en apoyo de Fernando VII en 1823, dejó
heridas que aún hoy pueden apreciarse.
Esta plaza y su Puerta han sido testigos de triunfales
marchas y de tristes acontecimientos siendo, por desgracia,
más numerosos estos últimos.
Al lado de la plaza se encendían las hogueras en
las que la Inquisición quemaba herejes.
Por su Puerta pasó Richard una tarde de 1818 con
la intención de atentar contra Fernando VII, quién
tenía por costumbre pasear a pie en las inmediaciones.
Narváez la cruzó triunfante a su regreso
de la acción de Torrejón de Ardoz, que dio
fin a la regencia de Espartero permitiendo el regreso
de María Cristina.
Allí fue despedido el duelo del cortejo fúnebre
de Benito Pérez Galdós, en 1920, y asesinado
el presidente del Consejo de Ministros, Eduardo Dato,
la noche del 8 de marzo de 1921 cuando se dirigía
a su domicilio tras una larga sesión del Senado.
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