Palacio March
C/ Núñez de Balboa 70.
También conocido como palacio Gallo, por haber pertenecido a don José Luis Gallo, fue construido por el arquitecto Joaquín Saldaña entre 1902 y 1907 y reformado por Luis Gutiérrez Soto en 1934.
Perteneció al duque del Infantado este palacete que sigue la línea de grandes viviendas unifamiliares realizadas en el Ensanche, con habitaciones ovaladas o circulares y con una fuerte influencia del clasicismo francés.
El proyecto de Saldaña constaba de un edificio principal y a su lado las cocheras y casa del guarda. Todo el resto del solar se destinaba a jardín, al que se abre el edificio a excepción de dos de sus fachadas, presentadas a la esquina de las dos calles principales.
La reforma efectuada por Gutiérrez Soto adapta la segunda planta como vivienda independiente, cuando ya la casa partenece a Juan March.

Juan March fue seguramente uno de los personajes más polémicos de la España de la primera mitad del pasado siglo. Sus facetas de financiero, espía, contrabandista, empresario, comerciante y naviero hicieron de él una auténtica leyenda.
Cuenta alguno de sus biógrafos que durante la I Guerra Mundial abastecía de combustible y víveres a los submarinos alemanes, mientras informaba a los británicos de las rutas y situación de esos mismos submarinos.
Sus barcos estaban matriculados en Gibraltar, navegaban con bandera británica, y las fábricas de tabaco con las que practicaba el contrabando estaban situadas en Argelia, que entonces estaba bajo dominio francés. Los gobiernos de Londres y París obligaron a March a colaborar con ellos bajo la amenaza de retener los barcos y cerrar las fábricas de Argelia.
Durante la Guerra de Marruecos sus barcos de la Compañía Trasmediterránea trasladaban las tropas españolas hasta África, mientras que las embarcaciones con las que hacía contrabando desde allí hasta Mallorca eran utilizadas como tapadera para suministrar armamento a las tropas de Abd-el-Krim.
La prensa española, especialmente el semanario madrileño El Indiscreto, hizo público ese doble juego del empresario y su socio Antoni M. Ques acusándoles de tráfico de armas en el entonces Protectorado. El caso causó gran indignación en España dada la sensibilidad social existente ante la cantidad de jóvenes que murieron en el norte de África a causa de este conflicto bélico.
Su poder era tan grande en las islas que en 1923 fue elegido diputado por Baleares por los liberales, derrotando por amplia mayoría al conservador Antonio Maura y su habilidad para nadar entre dos aguas le permitió ser propietario de tres diarios: El Día, de ámbito balear y que proclamaba las excelencias del parlamentarismo democrático, erigiéndose en plataforma cultural progresista; La Libertad, de ámbito nacional, que defendía la causa liberal y, por último, el Informaciones, también de tirada nacional, que abrazaba las ideas conservadoras. Por si esto era poco, se permitió además subvencionar al diario anarquista Tierra.

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