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Paseo
de Recoletos
Antiguamente recibió los nombres de Prado de
Recoletos, Prado Nuevo y Paseo de Copacabana, este último
por la imagen de esa Virgen que había en el convento
de Agustinos.
El actual paseo comenzó a formarse a finales
del reinado de Fernando VII, utilizándose como
mano de obra a presidiarios; quizá en esto tenía
algo que ver el hecho de que en el propio paseo existiese
uno de los presidios que entonces existían en
Madrid.
Quien finalmente le dio el elegante aspecto que hoy
conserva fue el duque de Sesto, cuando era alcalde de
Madrid en 1864.
Donde actualmente se encuentra el palacio de Linares
estaba la Alhóndiga, con la extensa panera de
forma circular, obra del reinado de FernandoVI, capaz
de contener cien mil fanegas (medida de capacidad para
áridos equivalente a 55'5 litros) de trigo para
abastecer a la población en los casos de excesiva
subida del precio de los granos. El antiguo Pósito
pasó a ser, a mediados del s. XIX, cuartel de
ingenieros y el local de la Alhóndiga se utilizó
para guardar los decorados del teatro del Príncipe
y de la Cruz. A continuación de esta edificación
se encontraba el presidio anteriormente comentado que,
junto con los de la Puerta de Toledo y calle Barquillo,
contaba Madrid.
Remontándonos aún más en el tiempo,
comprobamos que estos terrenos pertenecieron al desaparecido
pueblo de Valnegral o Bajo Abroñigal (donde se
fabricaba pan para el consumo de Madrid), y poseyéndolo
doña Eufrasia de Guzmán, princesa de Ascoli,
quiso fundar un monasterio de Agustinos descalzos o
recoletos. La obra, comenzada en 1592, quedó
suspendida hasta 1595. En 1620 se comenzó la
iglesia, donde se albergó la imagen de la Virgen
de Copacabana, copia de la existente en Perú
y traida por el comisario de Indias fray Miguel de Aguirre
en 1622.
En este convento vivió y fue enterrado don Diego
Saavedra Fajardo (Algezares, Murcia 1584-Madrid 1648),
político, diplomático y escritor, que
contribuyó a mantener en las cancillerías
de Europa el prestigio de una España ya decadente.
Los agustinos utilizaron la calavera de Saavedra Fajardo
en los catafalcos, hasta que el convento fue derribado.
En la huerta de los Recoletos eran sepultados los dependientes
de la Legación inglesa, que no profesaban el
dogma católico.
Tenía el convento una gran bodega donde se expendía
al público, por cláusula testamentária
de doña Misericordia Manuel, vino al por mayor
y menor, con la condición de que hubiese un mico,
pintado, con un vaso en la mano al que diariamente deberían
medírsele dieciséis cuartillos de vino
que, al no podérselo beber, se repartiesen entre
los frailes que cantasen en el coro, y el doble si era
día solemne.
En 1830 edificó su palacio, sobre estos solares,
el marqués de Salamanca.
Seguían a este palacio los hornos de la puebla
de Villanueva que, según algunos, dio nombre
a la calle de dicho nombre. Las quintas del conde de
Oñate y la de San felipe Neri, en cuya huerta
estuvo la escuela de Veterinaria y posteriormente se
inició (1866) la construcción del palacio
de Bibliotecas y Museos, hoy Biblioteca Nacional, completaban
la línea oriental del paseo que terminaba en
la puerta de Recoletos.
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